el momento del ego

Poder pírrico

El peor momento de la política democrática peruana

"El crecimiento económico en el Perú no ha ocurrido sin instituciones. Pero en lugar de ser éstas universales, formales y equitativas, han sido, y son, parciales, fragmentadas, superpuestas, informales (incluso ilegales) e injustas. La democracia formal no ha servido –hasta ahora– para corregir esta situación." 

Ivan Lanegra

Publicado: 2018-08-14

El crecimiento económico en el Perú no ha ocurrido sin instituciones. Pero en lugar de ser éstas universales, formales y equitativas, han sido, y son, parciales, fragmentadas, superpuestas, informales (incluso ilegales) e injustas. La democracia formal no ha servido –hasta ahora– para corregir esta situación sino de forma limitada y errática. Como consecuencia, la política democrática hace mucho que es vista con desconfianza por la población, pues en lugar de brindar alternativas para corregir el rumbo actual ha sido funcional a él. Esto explica por qué, a pesar de la crítica generalizada a los políticos, sectores de la población pueden ser funcionales a la política realmente existente y elegir a quien mejor sirva a sus intereses parciales o locales. Fuerza Popular ha llevado esta dinámica hasta las últimas consecuencias, generando las condiciones que explican el nivel más bajo de legitimidad de la política en lo que va del siglo XXI. 

Por ello no es ninguna sorpresa que la encarnación del poder político, el Congreso, sea aprobado por solo el 1.5 % de la población mientras el 82.7% de ella aprobaría su eventual cierre (CPI-Exitosa, agosto 2018). El parlamento no está solo, pues las principales instancias de defensa de legalidad y de control del poder –el Poder Judicial y el Ministerio Público– no andan muy lejos, siendo desaprobados por 9 de cada 10 peruanos. En estos momentos tener poder político es tóxico. ¿Quiénes tienen más de este poder venenoso? De acuerdo con la reciente encuesta de Datum (Peru 21, agosto 2018) la entidad con más poder es el Congreso. Y la persona con más poder es Keiko Fujimori. Las dos caras de la misma moneda, una más devaluada que el Inti. Por esa razón, la aprobación del desempeño de la lideresa de Fuerza Popular va del 10.7% (CPI) al 14% (Datum), el peor desempeño de su carrera política, quedando por debajo de Julio Guzmán, Barnechea, Verónica Mendoza y de –vaya ironía– de su padre.

La desconfianza en los políticos es, dese luego, generalizada. Los cinco políticos que generan más confianza reciben apenas entre un 6% a un 3% de menciones entre los encuestados. Un 63% afirma no creer en ninguno y 9% no sabe o no opina (Datum). Esto se refleja en la intención de voto presidencial, cifras que desde luego hay que tomar con pinzas pero con son otro síntoma del problema: Guzmán 12.%, Keiko Fujimori 8.4%, Barnechea 6.8%, Mendoza 6.4% y Antauro Humala 4.4%. El 43.8% no quiere a ningún político mencionado por CPI (agosto 2018).

En este contexto, la recuperación del presidente Vizcarra en las encuestas se explica en buena medida por haber propuesto un referéndum que ha sido leído como una crítica a la política actual representada por el parlamento, en particular por plantear la no reelección congresal. De ahí que, más allá de la debilidad de algunas de las propuestas del ejecutivo, la consulta popular sea apoyada por el 91.3% de la población (CPI, agosto 2018). Como hemos explicado en una columna anterior, esto no implica que haya claridad sobre el rumbo general del gobierno, lo que junto a la debilidad de su gabinete siguen siendo las principales flaquezas de la administración Vizcarra. Lo que sí ofrecen las mejores cifras en las encuestas -en tanto se mantengan- son condiciones políticas mínimas para hacer viable su gestión gubernamental.

Pero un desprestigio tan profundo de la política es una mala noticia para la democracia. La ausencia de liderazgos legítimos que canalicen las demandas políticas de la población puede conducir a un nuevo ciclo de outsiders críticos del orden político actual. Solo una gestión exitosa del presidente Vizcarra puede reducir significativamente este riesgo, siempre que vaya más allá de la crítica al orden político actual y fije el rumbo de la reconstrucción de la política, tarea que conlleva la necesidad de restablecer un vínculo de confianza entre la gente y la presidencia. También hay un desafío para los líderes políticos que quieren mostrarse como opciones de gobierno. Sin una visión clara y potente sobre cómo construir las condiciones para reorientar nuestras instituciones, pueden terminar arrastrados por el aluvión del desprestigio de la política.


Escrito por

Ivan Lanegra

Enseño ciencia política en la PUCP y en la Universidad del Pacífico. Tras 20 años en el Estado, intento escribir con simpleza sobre él.


Publicado en

Ensayos de Estado

Textos breves sobre política, Estado y gestión pública